miércoles, 23 de abril de 2008




Ayer hubo una charla dada por el renombrado escritor Antonio Skármeta, habló de su vida, de lo que significa ser exiliado del país amado, de lo que le impulsa a vivir día a día.


En las preguntas del público, situación de la que no podía enajenarme, levanté la mano, me dieron cautelosamente el micrófono, me puse de pie e hice mi pregunta: "Buenos días. Un escritor una vez dijo: "Hay libros para degustar y otros que son para masticar y digerir", con respecto a esto, y basándose en su archivo de libros personales, me gustaría saber cuáles son sus libros para degustar y cuáles son para masticar y digerir". Ahí estaba yo, con el corazón palpitante y fulgoroso esperando mi ansiada respuesta, cuando él agrega: "Bastante gastronómica la descripción de los libros" y comenzó a hablar de su admirado William Shakespeare, de la burla que éste hacía de la muerte, de lo maravilloso que llega a ser al llenar con palabras, capaces de ser percibidas por casi toda la gente, sus libros sus historias implacables.


Skármeta escribió sobre Neruda, que para él, como señaló en la charla, era su propia imagen de Pablo Neruda, y que cada persona que le conoció tendrá otra imagen que hasta puede diferir de la expuesta en su libro.

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